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viernes, 29 de octubre de 2010

¿eres sevillano?

Esta semana es probable que haya tenido unas treinta reuniones en centros educativos. En algunos he tenido hasta dos. Y en el 99% de ellas me han realizado la siguiente pregunta:

¿eres sevillano?

Me encanta Sevilla, sobre todo desde que me la enseñaron con una mirada diferente, es más diría que hay rincones de Sevilla que me fascinan (Triana, el callejón de la Inquisición, Santa Cruz, Salvador), pero no, no soy sevillano. Sé que cuando hablo, sobre todo cuando han pasado más de cinco minutos de conversación, dejo que mi acento caiga hasta límites insospechados, pero no, no soy sevillano. Es que hablo así. Así que aprovecho para gritar al mundo desde aquí:

¡No, no soy sevillano!

Firmado: Mister la balsa de la medusa porque esas "S" no tienen excusas. (Mote que me pusieron mis alumn@s de primero de bachillerato)


martes, 26 de octubre de 2010

mejor sin guión (+ bso)

La vio entrar justo unos segundos después de él, ni siquiera había tenido tiempo de pedir su copa al camarero, un guapo moreno que unía en sus rasgos una sonrisa brasileña con una mirada del norte de África. Mientras observaba con atención como el camarero se afanaba en su daikiri volvió su mirada para ver dónde se había sentado ella. Sabía elegir, de eso no había duda. Ella eligió la mesa junto a la ventana, sentándose de forma que las personas que paseaban por la calle pudieran percibir su cabello pelirrojo y la caída de su hombro izquierdo, pero no su rostro.
Tras mojar los labios de daiquiri él pareció ir hacia el baño, pero se quedó a mitad de camino, apoyándose sobre la pared, al final de la barra, desde donde ella pudiera sentirse observada.
El camarero le mostró una sonrisa para pedirle que le dejara pasar. Un bloody mary coronaba su bandeja. Cuando regresó a la barra el camarero le susurró, como si tuviera miedo a que ella pudiera oir lo que le iba a decir:

- Es guapa y misteriosa. De donde yo vengo sería considerada una bruja con ese pelo y -después de un corto silencio - y esos tacones.

Él no dijo nada, simplemente asintió con una caída de párpados.

Veinte minutos después el local había tomado ambiente. Ya no podía verla sin moverse de su sitio antes privilegiado. En ese tiempo había contado dos hombres que se habían acercado a hablar con ella, más un grupo de jóvenes que parecían universitarios. Pensó que la iluminación y la decoración del local era ideal para ambientar una bonita historia entre desconocidos. La voz de Najwa Nimri parecía sonar sólo para ellos dos. Eso imaginaba él aunque en ningún momento consiguió cruzar una mirada con ella.


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La voz del camarero le saco de su ensimismamiento.
- ¿Le sirvo otro daiquiri?
- Está bien. Pero añádele un golpe de marraschino.

Él miro hacia donde ella estaba, pero una nube de cabezas le impidieron verla. Decidió caminar hacia el baño, sintiendo cada uno de sus pasos, sintiendo cada centímetro recorrido, sintiendo el roce de su ropa contra la piel.
A la izquierda, la puerta del baño femenino indicado con un rostro creado por Klimt, a la derecha, un autorretrato de Egon Schiele mostraba el camino a los hombres. Un espejo de forja antigua reflejó su rostro inquieto e inseguro. Decidió mojar su cara, espabilar de una vez. Cuando regresó su mirada al espejo tras quitar las manos mojadas de su ojos, el rostro de ella apareció junto al suyo.


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- ¿Por qué has tardado tanto en decidirte? Vamos, entremos, estoy deseando hacerlo - dijo ella, hablando con excitación, usando un tono de petición y orden al mismo tiempo.
- No quiero hacerlo.
- Vamos, no digas eso. Te encanta.
- Me encanta cuando no lo preparamos.
- No jodas.
- Lo sé Gloria, es una putada, pero no me sale hacerlo así. Me gusta cuando nos surge. Me encanta hacerlo en un baño, pero cuando es real, no cuando parezco el personaje de un corto.
- Tú ganas, por ahora. Eres la ostia. No pareces un tío.
- Cómo me digas que soy diferente me esfumo - amenazó José entre risas.

Salieron riendo del pasillo del baño regalándose algunos besos y muerdos.

- ¿Nos vamos? - preguntó Gloria
- No. Acabo de pedir otro daiquiri, ¿quieres otro bloody?
- Está bien. Ya no hay prisas.

Tomaron sus cocktails mezclando risas y humo.

- ¿Qué piensas? dijo él.
- Nada - dijo ella pensativa.

Media hora después salieron a la calle. Decidieron olvidarse del coche y dar una vuelta paseando. Les gustaba dejarse caer por las calles viejas del centro, hablar con sus personajes típicos.

- Espera, dame un segundo. Voy a ver si está una amiga en su casa.
Gloria bajó corriendo unos cincuenta metros y se detuvo en un portal. Él vio como llamaba al portero automático.
- José, ven, sólo será un segundo.
José fue, buscando una visita inesperada. Entró en el portal. No vio a Gloria. Llamó al ascensor.
- Sube por las escaleras, no seas vago.
José se encaminó a subir unos viejos y altos escalones de mármol, pensando cuantas personas habrían hecho lo que el estaba haciendo ahora.

- Si me dices que no, te mato.

Gloria estaba sentada en las escaleras, con los botones de su camisa abiertos y sus piernas cruzadas.
La excitación les llevó a olvidarse de todo, a no darse cuenta del ruido que hacían, a olvidarse de que alguien les pudiera ver. Crearon en la oscuridad a partir del sexo.

Regresaron a la calle aturdidos por el placer. Doblaron la esquina sin saber muy bien hacia donde encaminarse.

- Ey, Gloria ¿y tú amiga? Nos estará esperando.
- No conozco a nadie que viva en esa calle.


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viernes, 22 de octubre de 2010

lunificado

Durante diecisiete años había vivido sin parar de dar la vuelta al mundo. Sus padres habían llevado al extremo la expresión "En mis dominios no se pone el sol" y habían convertido su vida en una continua huída hacia adelante siguiendo la luz solar.

Una tarde de noviembre el zepelin en el que vivían cayó al agua, en medio del Mediterráneo. Ícaro, mientras luchaba contra el reloj por no morir ahogado, vio como el objetivo que había sido su vida iba desapareciendo poco a poco, y la oscuridad iba cubriendo su horizonte. Por unos momentos dejó de mover los brazos y las piernas para evitar morir ahogado y contempló aquella esfera redonda, de manchas imperfectas, blanca, luminosa, diferente a todo lo que conocía.

¿Por qué sus padres habían decidido robar de su vida la luna?

martes, 19 de octubre de 2010

lágrimas

Es absurdo esconder la cabeza bajo el agua para no sentir las lágrimas.
No sientes su humedad,
pero sabes que están ahí.

sábado, 16 de octubre de 2010

háblame con tus ojos

Se habían despedido hace tres semanas con un "nos vemos", como si el próximo encuentro fuera a ocurrir en menos de once horas. Sin embargo, aquellas dos palabras era el inicio de un viaje para él, y de la soledad deseada para ella.
Él iniciaba un viaje ilusionante hacia un nuevo lugar, un nuevo trabajo y nuevas personas, como profesor de Historia Contemporánea. Ella seguiría trabajando en su despacho como diseñadora para una empresa informática. No marcarían horarios para las llamadas de teléfono, simplemente surgirían, de madrugada, en el café  del desayuno, en la ducha.

Mientras ella daba vueltas a códigos para hacer alcanzar a una hormiga la categoría de tridimensional el sonido horrible del messenger zumbó en sus oídos. Era él.

- ¡Esta si que es una sorpresa! ¡Qué hace alguien como tú en un lugar como este! - escribió Lola tecleando con mezcla de alegría y un nerviosismo tonto. En ese mismo segundo...

- Lola, en diez minutos ten preparada la presentación, vienen tus amigos de la consejería a revisar tu trabajo- la directora siempre con buenas noticias, pensó Lola irónicamente.

En ese instante nacieron imágenes y música en la mente de Lola creando una situación que ella sólo pudo definir como explosiva.

- ¿Eres capaz de hacer funcionar la cam de tu netbook o eso es mucho para ti? - dijo Lola hablando deprisa.
- No soy tan torpe Lola -dijo Roberto con voz casi infantil.
- ¿Con un ordenador en tus manos? Deja que decida yo sobre tu torpeza.

Roberto encendió su cam y pudo ver como ella parecía andar, aunque sólo podía ver el borde de la camiseta negra que vestía Lola y que a él tanto le gustaba. Mientras, Lola se encaminaba hacia la sala de audiovisuales mezclando en su cabeza una canción de Magic Numbers, con una escena de American Beauty y la pizarra digital de la sala. 
Entró emocionada en la sala, bajó las persianas, conectó su portátil al proyector y creó su propio cine.

Sobre la oscuridad blanca de la pizarra digital apareció el rostro de Roberto, enorme, bello, con aquella barba de tres días que él tanto descuidaba, con su cara de expectación mientras esperaba volver a ver a Lola. Entonces Lola lo vio claro, la banda sonora de la escena que estaba creando sería I see you, you see me. El protagonista de la escena, Roberto; el guión sería escrito por los ojos de Roberto. Sólo faltaba un pequeño detalle para la (im)-perfección. Cerrar la puerta de la sala por dentro.

Roberto, en la cercanía de su estado lejano, comenzó a oir los primeros compaeses de la canción y dudó extrañado por un segundo, al segundo siguiente comprendió que estaba dentro de una de las locuras geniales de Lola. Al segundo siguiente comenzó a hacer muecas con su cara como si estuviera frente a un espejo, movió sus ojos, lanzo besos, fingió lágrimas, fue un mimo, un soñador, un enamorado, un hombre guapo de anuncio, un loco. Mientras, Lola dibujaba con la yema de sus dedos el contorno de su cara, besaba sus labios, hacía círculos infinitos en sus pupilas, daba vueltas sobre su espalda como si el rostro de Roberto fuera hierba de otoño.

Unos minutos después, en una punta del mundo había unos alumnos que aún se reían de su nuevo profesor en la biblioteca del centro.
- Este tío tiene que ser buena gente - dijo uno de los nuevos alumnos de Roberto.
Unos minutos después, en la otra punta del mundo, algo que parecía ser una cara dibujada por una niña de ocho años presidía una reunión importantísima para los políticos de la ciudad.

Esa noche, Lola y Roberto decidieron salir a pasear gritando en voz baja y sintiendo a gritos:  ¡Qué suerte tenemos!

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viernes, 15 de octubre de 2010

when the mind´s made up

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Aposté por la incertidumbre y el pasado se empeñó en convertirse en arañazo

viernes, 8 de octubre de 2010

tres centímetros

Sus hojas ya eran amarillas y sus esquinas arrugadas. Treinta años en una estantería. A veces arriba, otras abajo, unas veces el sol calentaba su lomo, otras veces las novedades le envolvían en la oscuridad de la parte de atrás del estante. Toda una vida bajo el mismo rótulo, "Poesía".

Su portada quedó antigua. Una rara avis entre hombres raros. Una filósofa antigua de una antigua civilización ya olvidada de los planes de estudios. Años lleva en el lugar más alto de la estantería, donde nadie llega sin la ayuda de una vieja escalera, años bajo aquellas letras blancas sobre fondo negro "Filosofía".

El poeta aún recuerda la mañana en que llegó aquella filósofa de aire isleño y mente abierta. La filósofa sigue moviendo sus hojas al viento aprovechando que su lugar está justo frente a la puerta.

Hace unos días el poeta cayó al suelo después de que una compradora habitual le rozara con sus dedos. La caída casual le hizo descubrir que estaba más cerca que nunca de la filósofa. La compradora le devolvió a su lugar, sólo que dos baldas más abajo. El poeta había hecho un descubrimiento. La caída le acercaba a ella. Ella sintió un temblor y las palabras se movieron en su interior.

Veinte metros le separaban.

Cada noche, el poeta finge un suicidio y se deja caer de la estantería. Algún comprador despistado le pisa y le coloca en la primera estantería que encuentra. Tras varias caídas, tras varías marcas de pisadas diferentes sobre su portada, el poeta está a tan sólo tres centimetros de la filósofa. Sólo tres centimetros de madera les separan. Se pueden oler, se pueden oir. Ambos sueñan con alguna compradora despistada, con algún librero distraído que ayude al azar.

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domingo, 3 de octubre de 2010

viernes noche

Fue una noche de viernes de concierto sin concierto, de disfrutar de buena compañía sin compañía, de iniciar un pequeño viaje acompañado y culminar en una vuelta a casa acompañado solo por las luces de la avenida. El destino fue vencido por una frase:

- Necesito que me des tu entrada. Sin preguntas, por favor.

Quien dijo esa frase se merece esa entrada y lo que me pida. Así que mi noche de viernes se quedó en una caña y una tapita de jamón con banda sonora de conversación sorprendente en el que sólo podía escucharle entre asombrado, enternecido, extrañado y feliz por haber descubierto en él un nuevo tipo de sonrisa.

Conducir de madrugada tiene muchas ventajas, entre ellas, imaginar nuevos planes para el momento más próximo. Esta vez el plan sería húmedo. Una bañera, agua caliente, velas e incienso. La música la dejaremos para otro día porque eran las dos de la madrugada y a esa hora hay que estar muy seguro de que a tus vecinas les guste tu música para que no les moleste oír lo que me apetecía escuchar.
Llené la bañera de agua caliente. Volví por un momento a la infancia cuando agarré el gel y dejé caer un gran chorro en el agua para hacer espuma. Dejé velas por el suelo y quemé el incienso. La mezcla resultó genial para mis sentidos. Sentir el calor del agua, el roce de la espuma, la luz de las velas, el aroma del incienso. Un momento así lo disfruto más con los ojos cerrados. Y ahí apareces tú, ahí aparece tu voz.

Tus palabras juegan conmigo y se zambullen en el agua. Tu susurro mueve las pequeñas llamas y acercan hasta mí el humo del incienso. Tu voz forma una espiral que rodea mi cuerpo convirtiéndose en dedos que acarician mi pelo, que aprietan mi nuca en un placentero y doloroso masaje. Abro los ojos por un segundo y tus palabras van apareciendo sobre los azulejos, con el sonido de una vieja máquina de escribir.
Una figura de mujer se va creando a partir de las gotas de vaho que bajan por la pared y te apareces real ante mí. Te sientas delante mía, colocando tu espalda sobre mi pecho. Ahora soy yo quien deja correr el agua de la ducha sobre tu pelo. Mezclo tu cabello con el champú que tanto te gusta y hundo mis dedos creando columpios en tu cabello. Acaricio tus hombros llevando el deseo de la punta de mis dedos hasta ti. Un deseo va llenando mi mente mientras continuas hablándome, mientras mis caricias sobre tu pelo van perdiéndose un ritmo lento.

El deseo me va venciendo poco a poco y yo sólo puedo dejarme llevar. Mi boca roza tu cuello, suspiros de rabia se me escapan, pero finalmente mi deseo se hace palabra:
- ¡Quiero follarte!
Tú no dices nada. Dejas que siga acariciando tu pelo mientras yo susurro a gritos en tu oído "¡Quiero follarte!", como si esas dos palabras pudieran convertirse en el movimiento más sensual y pudiera hacerte llegar al orgasmo con mis caricias en tu pelo y mis susurros en tu oído. Segundos después lanzas un jadeo de rabia y placer.

Te pones de pie frente a mí. Me ofreces tu mano y me levanto. Ahora podemos mirarnos a los ojos y reconocernos en ellos. Es curioso, cuando busco mi mirada en tus pupilas no me veo a mi reflejado, sino que te veo a ti. Dejamos que el agua llena que llena la bañera se pierda y nos colocamos bajo la ducha de agua tibia. Colocas tu pie sobre el borde de la bañera mirándome sin hablar. Sin dejar de mirarte siento el calor de tu sexo. Siento cada milímetro de deseo que hay en ti. El placer nos lleva a cerrar los ojos al mismo tiempo buscando que el placer sea real. Ahora no hay suavidad, ahora hay besos mezclados con muerdos, uñas que se clavan, tu espalda golpeando la pared, ahora los movimientos son duros. Entre jadeos y palabras sueltas llegamos al orgasmo. El primer orgasmo que nos llevará a muchos otros entre juegos, risas y muecas de placer.
Ahora soy yo quien te invita a salir de la bañera, empapados los dos. Quiero beber de ti tu próximo orgasmo. Después serás tu la que quieres ir al sofá. Después yo querré mirarnos a través del espejo. Después tu querrás ponerte de rodillas en una silla. Después te tumbaré sobre la mesa. Después nos acariciaremos frente a frente sin poder tocarnos el uno al otro. Después, tú beberás tequila directamente de mi piel, y yo lo beberé de tu espalda mientras mi sexo esté dentro de ti. Después pondrás hielo picado sobre mi cuerpo y lamerás desde mi pecho hasta mi sexo, y tú misma pintarás palabras de fresa sobre tu cuerpo. Morderemos cerezas para que nuestros besos dejen de saber a sexo y se conviertan en oxígeno para continuar con el deseo. Nos acariciaremos y follaremos en la terraza, en las escaleras, en el portal, en el trastero...y cuando una mirada de día al otro, necesito tumbarme, entonces buscaremos el colchón.

Ahora, el semen se mezcla con el agua caliente, con la espuma, con tu voz...y al abrir los ojos encontré una frase en la pared...


viernes, 1 de octubre de 2010

sin título

vivo en el lujo del sueño,

que consiste en tenerlo todo y al instante no tener nada.

La razón dice que no tengo nada.

Mi corazón grita que lo tiene todo.