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lunes, 31 de mayo de 2010

Extrañar

Echar de menos a alguien o algo, sentir su falta

Pd. El diccionario es genial.

sábado, 29 de mayo de 2010

Sorpresa

La madrina tomaba el sol en su terraza...

Su voz comenzó a colarse dentro de mí...

Me sorprendí desnudo frente al espejo...

Ha vuelto a hacerlo, ha sido capaz de jugar conmigo otra vez...

Una esquina de París.


Bajo esas escaleras del centro de París recibí una de las mayores lecciones que me han dado en la vida.
Una amiga y yo sustituimos a esos dos chicos que aparecen en la fotografía. Ocupamos sus lugares cuando el cielo empezaba a confundir el rojo del atardecer con el negro de la noche. Por muy incómodas que fueran las sillas nos sentimos como si nos hubiéramos metido en un jacuzzi y después nos dieran una masaje en los pies. Había sido un agotador día de turismo por París, una ciudad donde todo es enorme: las avenidas, los monumentos, los edificios...sin embargo, no cambiaría nada de mi semana en París por esa esquinita bajo las escaleras.
Creo que durante los primeros quince minutos ni siquiera hablamos. Nos dedicamos a mirar a la gente que pasaba por la calle y las ventanas y tejados de los edificios que estaban frente a nosotros. El silencio nos ayudó a saborear mucho mejor el primero de los mojitos que pudimos beber aquella noche.
Una vez roto el silencio nos quedamos en lugares comunes. "Qué calor" "Puto París, ¿dónde está la ciudad del amor?" "Cinco pavos un café, no me jodas" "Mucho rollo, pero al final aquí estamos, tomando un mojito en una calle estrecha como si estuviéramos en cualquier otra ciudad, es más, en Caños de Meca el mojito seguro que está más rico" "Joder, a ver si al final no nos va a gustar París" "Bueno, da igual, nos guste o no nos guste hay que venir para saberlo ¿no?"... "Voy al baño y de paso pido otra ronda"...
¿El baño? El bañito, todo en París era enorme, menos aquel baño donde podía apoyar la cara contra la pared de enfrente mientras...
Cuando salí ya estaban los mojitos sobre la mesa y mi amiga hablaba con un señor mayor. Reconozco que al verla junto a aquel señor de pelo blanco, camisa medio desabrochada, vaquero y sandalias, me dieron ganas de decirle: "Niña, has triunfado. París lleno de gente guapa de todo el mundo y tu te llevas a Mister Benidorm". No dije nada.
Llegué a la mesa, dejé que el señor ocupara mi silla y me quedé de pie escuchando. Había algo en la voz de aquel señor que me hizo sentirme reconfortado al instante. El señor, lo llamaré así porque no recuerdo su nombre, fumaba sin parar y decidió unirse a nuestra ronda de mojitos. Durante un momento sentí dudas sobre él. ¿Qué pretendía? Ligar, hablar, pasar un rato agradable, sentirse bien sin más...Al momento nos dimos cuenta de que era una persona reconocida en el barrio, casi todas las personas que pasaban por allí y no eran turistas le saludaban y le regalaban sonrisas. Alguien a quien saludan de esa forma sólo puede ser una buena persona.
Era el señor quien manejaba la conversación, y tiene mérito, porque mi amiga y yo podemos hablar horas y horas. Sin embargo, el elegía el tema y nosotros solo podíamos seguir su corriente a duras penas. Nos cambiaba el tema cuando le apetecía, jugaba con nosotros en la conversación. Definitivamente el hombre estaba muy a gusto con nosotros.
Cuando salió la luna nos dijo "Este es el mejor momento del día, cuando la luna se situa entre esos dos tejados y se puede ver desde esta mesa, en esos veinte minutos puede pasar de todo". Durante esos veinte minutos nos habló de su mujer, que había muerto hace unos años, de lo que le gusta bailar y de la manía que le da que las mujeres le agobien por el simple hecho de ser un español en París, de lo que le gusta ir a Pamplona, de como empezó a trabajar como pintor en París con catorce años, de lo que le costó aprender el "puto francés"...
Poco a poco, aquel señor que hablaba con seguridad fue haciéndose pequeño (y nosotros con él) y empezamos a sentir nostalgia los tres. Él sentía nostalgia de su juventud, nosotros sentíamos nostalgia de lo que habíamos cambiado en estos últimos meses.
Después se hizo el silencio. Los tres mirábamos a un gato que estaba encantado de comerse nuestros cacahuetes. Él se levantó, se despidió invitándonos a comer macarrones al día siguiente en su casa que estaba allí al lado. "Chicos, no os perdáis nada de la vida, no dudéis, comeros la vida porque llega un día en que la vida te come a ti. No sabes como, pero llega un día en que te das cuenta que la vida te ha comido"
Aquella noche mi amiga y yo hicimos el amor, algo que no habíamos hecho antes. Creo que no entendimos nada de lo que nos quería decir el señor.
Al día siguiente comimos un bocadillo de atún, lechuga y mayonesa junto al Sena.

Lugares

Ellas en el Puerto de Santa María...

Ella en Ibiza...

Ella en Marbella...

Ell@s en Lisboa...

Ell@s recorriendo las piscinas naturales de la frontera...

Ella de despedida en el México D.F. ...

¿Y yo? Pues aquí, peleándome con esta naranja y aprendiendo a querer de mil formas diferentes.

viernes, 28 de mayo de 2010

jueves, 27 de mayo de 2010

Cuando gritar no basta

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Cuando gritar no basta voy hasta la habitación del fondo. Me desnudo y me siento bajo la ventana. Hundo mi cabeza entre las rodillas , abrazo mis piernas y aprieto los ojos hasta conseguir que mi alma abandone el cuerpo. Mientras me siento agotado en el suelo, una lluvia de cristales cae sobre mi cabeza. Mi alma fue capaz de romper la ventana y ahora da vueltas en círculo por el cielo. Me preguntais a dónde irá. No tengo la respuesta, nunca hago preguntas.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Aeropuerto


Llegué al aeropuerto en metro.

Es un lugar curioso el metro. Es un lugar donde las personas hablan con miradas, donde casi nunca entra en juego la palabra. El metro sirve para enamorarse perdidamente de esa chica de vaquero y camiseta que se convierte en el centro del mundo durante cuatro paradas. También sirve para pensar, para ponerse en la piel de los demás. En la piel de la inmigrante que regresa a casa para seguir trabajando, en la del estudiante al que le brillan los ojos, en la de la persona mayor que regresa del baile...



La parada de metro del aeropuerto parece un metro hecho para maletas. En realidad, son ellas las que hablan por nosotros. Quizá no pueda conocer a una persona mirándola a la cara, pero si por lo que lleva en su maleta. Sin embargo, para mi viaje no me hacen falta maletas, así de paso nadie me conoce.


No fuimos muy originales. Quedamos en el meeting point del aeropuerto. En realidad, es un buen lugar para quedar, es tan obvio ese punto que la mayoría de la gente lo cambia cuando quiere quedar con alguien.


No había nadie cuando llegué al punto de encuentro. Aún era pronto, pero ya comenzaron a pasear las hormigas por mi estómago. Llegué antes a propósito porque me encantan los aeropuertos. No sé si a vosotros os pasará igual que a mí. El día que sé que voy a montar en avión es un día especial. No lo hago muy a menudo por lo que se convierte en un hecho casi extraordinario, sin embargo, siempre que he volado el aeropuerto está lleno de personas. Personas que hacen colas para facturar, personas que duermen en incómodos asientos metálicos, personas que visten uniformes...personas al fin y al cabo.


¿Quién miró primero a quién? Que más da. ¿De dónde había salido? Que más da.


Nos miramos durante una hora y media. Mientras la miraba escribía notas en mi cuaderno. Notas infantiles. Una de esas notas la escribí en el centro de una página en blanco.


- Mañana nos vemos en el meeting point del aeropuerto, a las 11. El destino será la próxima salida prevista en el panel.


Me quedé mirando esa página blanca con aquellas palabras formando un círculo. ¿Y si era valiente y le daba esa página? Me costó decidirme lo que tardé en beberme una heineken. Quería salir de aquella ciudad, perderme unos días y gastarme lo que Hacienda me había devuelto inesperadamente. Recogí mis cosas de un modo extrañamente lento y confuso. Arranqué la hoja y la arrugué. Dejé mi cuaderno en la mesa como si se me hubiera olvidado por si ella tenía alguna duda sobre mi propuesta y pudiera conocerme a través de él. Intenté borrar de mi cara la expresión de loco que pensé que llevaba puesta desde hace un rato y le entregué aquella bola de papel arrugado. Asintió con la mirada y la guardó en su bolso.


Pasé toda la noche pensando que tenía que hacer ahora. ¿Ir al aeropuerto? ¿Ir y mantenerme escondido para no fracasar del todo? ¿Ir con mi mejor traje? Iré con mi vaquero más viejo y mi camiseta más gastada, que todo el mundo dice que es gris, pero yo sé que aún es negra. Esa fue mi decisión antes de caer doblado en el sofá por el sueño y por el ron que había bebido.


Ahora ya no es pronto. Ya son las once y cuarto. Llegado a este punto comienzo a burlarme de mí mismo, pero me doy cuenta de que reírme de mí mismo me sienta muy bien.

Diez minutos más tarde habíamos perdido ya la oportunidad de viajar dos veces a Londres, una a Birmingham, pero sobre todo habíamos perdido el vuelo a Amsterdam. Creo que habría estado bien viajar con esa chica a Amsterdam o eso imagino, igual ni siquiera fuma.


El próximo vuelo es para Casablanca. Bueno, no es lo más bonito de Marruecos, pero al menos se come bien, y siempre podemos alquilar un coche para ir a Marraquech. ¿Pero qué hago analizando el destino? ¿No quedamos en qué el destino no importaba?


Colonia, Helsinki (no llegues ahora, es carísimo y Hacienda no me dio para tanto) Ibiza () Valencia (¿y si ella es de Valencia?)...


Las voces del aeropuerto anunciaban la próxima salida a Riyadh...ufff Arabia Saudita ¿Qué se puede hacer allí? Estaría genial, un destino desconocido, una mujer desconocida...mientras pensaba se cerró el vuelo para Riyadh..


Me tocaron la espalda dos dedos llenos de seguridad. Ha venido.

Sólo sonreímos, miramos juntos el panel y volvimos a mirarnos con cara de incredulidad. El azar nos llevaría a Jeddah. Creo que los dos dudamos por un momento, porque en realidad no teniamos ni idea de adonde íbamos hasta que compramos los billetes y una simpática azafata, mirándonos con cara de confusión, nos dijo a donde íbamos a viajar. Pero en realidad tampoco sabíamos nada de nosotros.


Me llamo... Yo soy...


Antes de despegar ella me devolvió el cuadernos que intencionadamente dejé en la mesa del irlandés.


- No hace falta que me des pistas, me gustas. Y ahora, abrázame que me da miedo volar.


La abracé porque en realidad a mi también me da miedo volar, aunque me gusta hacerlo porque volar significa salir de la rutina, significa que ese día es extraordinario.


- Abrazame fuerte también tú, a mi también me da miedo volar.



martes, 25 de mayo de 2010

Casualidades

Pero ¿Un acontecimiento no es tanto más significativo y privilegiado cuantas más casualidades sean necesarias para realizarlo?
La insoportable levedad del ser. Milan Kundera
Pero ¿Qué hacer cuando el azar te lleva hasta ella y sabes que ya después todo formará parte de un plan? ¿Es posible entender la medida de la casualidad? ¿Es posible saber cuando el azar acabó su misión? Y ahora, ¿somos nosotros quién debemos seguir el juego?
¿Nos la jugamos? ¿Nos arriesgamos a vivir esos pequeños momentos?
Sólo tengo una respuesta a todas estas preguntas. Una sonrisa entusiasta y pequeña.

lunes, 24 de mayo de 2010

Personaje de cómic


¿Nunca os habéis sentido como un personaje de cómic?


Hoy he decidido pintar mi habitación de negro y sobre ella he pintado dibujos animados.


Primero he dibujado un pitufo que, como tiene que tener apodo, le voy a llamar pitufo "perdido". Un pitufo rodeado de cuatro paredes negras se siente bastante perdido. Me siento en el centro de la habitación y miro como intenta encontrar la salida a este agujero negro donde ha nacido. Pero, esa solución solo la tengo yo. Después de ver como se sentaba en un rincón a llorar decidí abrir la ventana para que pudiera escapar.

Después dibujé a Astérix y Obelix, pero poniendo por delante a Obélix, de forma que a Astérix sólo se le ven las plumas de su gorro. ¿Lo de las plumas quiere decir algo?



Después dibujé al lindo pajarito, pero lo he dibujado dentro de la boca del gato, que ya está bien de tanta injusticia en el mundo...el pobre gatito solo tiene hambre.

Más tarde me acordé de Lucky Lucke. ¿Cómo reaccionaría ante tanto color negro? No era capaz de encontrar a su sombra para demostrar que él era más rápido que ella.

También intenté meter a Micky Mouse en mi habitación, pero me salía siempre con cara de Bush y comiendo galletas, así que decidí borrarlo.



En un rincón del cuarto se ha colado un personaje inesperado que no es de cómic.


Es el personaje de "El grito", de Munch. Allí estaba, rozando el suelo, con su cara desencajada, su cara redonda. Era impresionante como su cara llenó de color toda la habitación aunque las paredes siguieran teñidas casi por completo de negro. Comencé un diálogo con él.


- ¿Por qué gritas?


Sólo encontré el silencio por respuesta. Es curioso. El personaje grita, pero no se oye nada.


La tradición dice que es un grito contra la guerra, yo prefiero pensar que es un grito de rabia que llega desde el centro de su interior por sentirse afortunado, es un grito de amor. Yo a veces también grito y cuando lo hago sólo me sale silencio, un sonido sordo que transmite todo mi amor, toda mi rabia, todo mi placer.

Pd. Dicen que el negro es la nada, pero para que el blanco signifique luz tiene que enfrentarse al negro.

domingo, 23 de mayo de 2010

Colores

La madrina llevaba un vestido de colores.

La tormenta que llegó desde el horizonte intentó atrapar el sol.

El arcoiris se reflejó en las olas.

Él cogió carrerilla y vivió su sueño durante una décima de segundo antes de zambullirse.

La mar dejó de ser azul y por una décima de segundo fue un caleidoscopio.

El nadó en el caleidoscopio.

Una décima de segundo. Una forma de vida...

...y los sueños, sueños son.

sábado, 22 de mayo de 2010

After dark, Haruki Murakami

Hoy me inclino por acordarme de la lectura. Se trata de After Dark, de Haruki Murakami. Una historia nocturna y un libro con banda sonora, para disfrutarlo junto a un ron solo con hielo picado y unas gotas de limón exprimido.
Siempre me ha gustado subrayar las partes de los libros que me han gustado. Leo siempre con algo para subrayar al lado porque, cuando pasa el tiempo, me gusta ver qué es lo que llamó mi atención en el momento de la lectura.
Estos son los párrafos que subrayé en After Dark.
- Creo que, poco a poco, invirtiendo mucho tiempo, me he ido creando un mundo propio. y cuando estoy en él, yo sola, me siento hasta cierto punto tranquila y segura. Pero el hecho de haber tenido que construirme este mundo significa, en sí mismo, que soy una persona débil, frágil ¿no? Además, desde el punto de vista de la sociedad, mi mundo es algo insignificante. Parece una casa de cartón que un vendaval puede llevar en un abrir y cerrar de ojos... (Pag. 206)
- ¿Sabes? Nuestra vida no se divide entre la luz y la oscuridad. No es tan simple. En medio hay una franja de sombras. Distinguir y comprender esos matices es signo de una inteligencia sana. Y conseguir una inteligencia sana requiere, a su modo, tiempo y esfuerzo. No yo no creo que tengas un carácter sombrío. (Pag. 230)
Pd. Ahora, que ha pasado un año y medio desde que lo leí, compruebo que lo subrayado tiene que ver conmigo, incluso después de pasado el tiempo.

viernes, 21 de mayo de 2010

Nota en la cocina

Hoy me encontré una nota en la encimera de la cocina que dice lo siguiente:
"Hacer lo que es mejor aunque no coincida con lo que uno quiere, es un signo de madurez"
Al leer esto me pregunto: ¿Lo mejor para quién? ¿No será que quiere que yo haga lo que ella quiere que haga?
Si mi decisión es no ¿debo cambiarla? Ella me pide que haga lo que ella desea. ¿Quién es más maduro ella o yo? ¿Es un signo de madurez seguir aunque no sea para ser feliz?
Ante la duda, prefiero quedar como inmaduro y no decirle a nadie que es lo mejor o lo peor. Prefiero que sean sincero conmigo, no que busquen que es lo mejor o lo peor para mi, porque lo mejor y lo peor pueden cambiar a lo largo del tiempo, pero si no eres sincero, me habrás mentido para siempre, y eso el tiempo no lo podrá cambiar.
Yo he mentido. Pero no me siento tan importante para juzgar a nadie.
Pd. uno que se siente feliz de ser inmaduro. El mundo está controlado por gente muy madura, y la verdad, no creo que tengamos el mejor mundo posible. Yo les dejo el mundo para que jueguen, que me dejen un espacio para que puedan llamarme inmaduro, pero que me lo dejen.
No hay nada peor que saber que estás haciendo daño a alguien que es importante para ti, pero ¿no es peor convertir ese daño en un dolor infinito?
Como dice una amiga bruja-peluquera: "Todos somos egoistas"
Sólo sé que no sé nada.
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jueves, 20 de mayo de 2010

Desconocidos

Nos sentamos en una de las terrazas del puerto. Tuvimos suerte, las terrazas eran un hormiguero, sin embargo, aquella mesa quedó vacía justo cuando llegamos, no tuvimos que esperar.
Aún podía sentir el sol en mi piel. Dos duchas y mucha leche hidratante no consiguieron calmar del todo el calor que mi cuerpo había recibido después de haber estado todo el día en una cala del norte de la isla. Tú tenías la suerte de tener la piel morena. Mientras que en mi cuerpo el sol se quedaba fijado en los poros, en tu cuerpo la luz del sol resbalaba, como si en lugar de rayos de sol recibieras gotas de miel.
Pedimos coronitas con tequila. Nos gustaba sentir el frío amargo del sabor de la cerveza que llega después del fuego del tequila que se queda prendado en el borde de la botella.
Nos sentíamos relajados, y también un poco extraños entre tanta gente guapa. Ibiza es como un espejo mágico. Todo el que se asoma a su reflejo se siente más guapo, más cómodo, más relajado, más feliz. En los bares del puerto no cabía la infelicidad. Nosotros mirábamos alrededor con curiosidad. ¿Cómo nos mirarán a nosotros? Tu vestías aquella sábana blanca resucitada en vestido y un pañuelo fucsia a la cintura, nada más. Tus rizos limpios y tus pies descalzos. Yo llevaba mi vaquero mas roto y viejo y la camiseta de nuestro primer concierto.
Nos hablábamos con los ojos, no tuvimos necesidad de hablar, estábamos muy cómodos.
De algún modo percibimos que estábamos en un lugar especial. Sentimos las miradas de los demás en nosotros y nosotros íbamos repartiendo nuestras miradas al azar. Veía pasar la imagen de hombres desconocidos a través de tus pupilas. Tus pupilas se convirtieron en una de esas máquinas donde las imágenes pasan rápidamente hasta que finalmente se queda fijada en un lugar.
Esta vez el lugar donde se detuvieron tus pupilas era un chico que estaba sentado solo. No había visto a ese chico hasta que lo vi en tus ojos. Bebía tranquilamente una heineken. Parecía disfrutar de su soledad en un lugar lleno de gente.
Tus ojos llamaron mi atención. De tus ojos llegué a las líneas de tus labios que esbozaron una sonrisa cerrada. Bebiste un largo trago de tu cerveza con tequila y te levantaste. Sentí curiosidad y algo desconocido me hizo temblar por un segundo. Vi como te alejabas y te sentabas en la mesa del chico que estaba solo. Acabé mi cerveza y pedí un mojito. Pasase lo que pasase quería saborear aquella escena con lentitud, y los mojitos no sólo se beben sino que se paladean en forma de grano de azúcar morena o hielo picado.
Me dispuse a ver la escena. Me gustó tu forma de agarrar sus manos haciendo que el chico se sintiera sorprendido, me gustó tu forma de fumar, tu forma de escucharle, la forma en que lo besaste, me gustó que no me buscaras con la mirada cuando desaparecisteis camino del baño, me gustó imaginaros...sentí placer en tu placer.
Regresaste a la mesa con una sonrisa. Yo te esperaba con mi mojito a medias y una cerveza con tequila nueva para ti. Tomaste un trago corto y me miraste. Sentí tu tequila en mi lengua.
Antes de acabar nuestras bebidas apareció una mujer que se sentó junto al chico que bebía una heineken y le dio un cariñoso beso en los labios. Tú y yo nos miramos, las carcajadas nos ganaron y decidimos dejarnos llevar por la isla.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Amistad

1. Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.
2, Afinidad, conexión entre cosas.
3. Deseo o gana de algo.

Hoy hablan por mí

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Ayer me vacié en forma de canción. Hoy dejo que estas voces hablen por mí (especialmente la de ella).

martes, 18 de mayo de 2010

Espectacular .Vida. Alegría.

Estoy aprendiendo a vivir en las canciones.
Vivir en las canciones tiene sus ventajas. Puedo soñarte cuando me dé la gana, te puedo buscar en estilos diferentes, el idiomas diversos, en épocas que nada tienen que ver la una con la otra. Te puedo buscar en una voz, en una guitarra, en un saxo, en una imagen de un videoclip, en un personaje secundario, en solo de batería frenético...
Sólo tengo un problema. Cuando se hace el silencio aún estás por aquí.
Eso quiere que estoy aprendiendo a vivirte de una forma diferente a la música. Y me gusta aprender. Me gusta pasar momentos de rabia, tropezarme, y reír desde el suelo para volver a sentirme bien.
¿Qué puede salir de la mezcla de música, sueños y cuatro gotas de realidad?
Eres quien me agarró sin más de la mano y me besó con gran descaro (La bien querida. 9.6)
Eres la mujer con ojos transparentes que no mentía nunca (AC/DC You shook me all night long)
Eres con quien grito ¡Yo solo busco que nadie lo entienda! (Pereza. Amelie)
Eres a quien susurro ...cuando los tiempos son malos, llámame (Janis Joplin. Call on me)
Eres blanca esperma resbalando por tu "estómago" (Héroes del Silencio. La chispa adecuada)
Eres a quien me gustaría decir mirando a los ojos "Qúe empiece el viaje ya" (Love of lesbian. Universos infinitos)
Eres a quien busco tan loco, tan cuerdo, borracho, sereno... (Sidonie. A la vera del mar)
Eres quien me hizo el regalo más grande (El canto del loco. Por ti)
Eres "No tocarte" (Radio futua) eres "Touch me" (The Doors)
Eres el juego de espejos. Eres color. Eres huella. Eres lágrima. Eres rabia. Eres magia...
¿Sabes? En realidad no se que eres, no quiero saberlo. Es como intentar adivinar como funciona un caleidoscopio. ¿Para qué? mejor mirar por él y disfrutar con las formas, con los colores, con sus sorpresas.
Nunca me abrí de esta manera (Metallica. Nothing else matters) y estoy feliz de haberme desdoblado así, de haberme retorcido así, de sacar de mí todo lo que tenga.

lunes, 17 de mayo de 2010

¡Qué bueno era jugar a la pelota!

Ayer fue un día de esos en los que el fútbol te inunda.

Cambié un concierto de María de Medeiros por ir a ver con mis padres el final de liga más igualado de la historia. No sé si es porque mis padres son cada vez más mayores o porque yo me estoy haciendo mayor, pero cada vez me cuesta más dar a mis padres un "NO" por respuesta. Así que hice una lasaña y me presenté en su casa dispuesto a "disfrutar" del final de liga. En el fondo si que lo disfruté porque ver con mis padres un partido, especialmente con mi padre, un partido acaba en risas. Es un no parar de criticar que al final te acaba sacando carcajadas, eso o te tiras por la ventana.


¡Qué agobio! Parecía que si no ganaba uno de los dos se pararía el mundo, y el lunes no llegaría, el tiempo se detendría y llegaría el apocalipsis. Vamos que estaba deseando que todo acabara. Y lo más gracioso es que a mi me gusta el Barça. Quizá es por haber jugado al fútbol hasta los dieciocho que ahora le tengo tanta manía. Conocer ese mundo por dentro te hace detestarlo. Es como ser ateo. Nada mejor para ello que estudiar en un colegio religioso.
El caso es que ayer me abrumaron esas dos horas de fútbol, con una conversación muy graciosa en el descanso desde la terraza. Escuchaba a los comentaristas, cuando mi padre nos dejaba oír, veía las caras de los espectadores, los insultos que regalan porque sí, porque en un campo de fútbol es el único lugar del mundo donde puedes decir "Hijo de puta" a gritos, y nadie te mira con cara de indignación.


Después de acabar harto del fútbol, volví a casa. Era de los pocos conductores que no hacía sonar el claxon para que todo el mundo supiera quien había ganado. Mi modo de protestar fue poner "Amelie" de Pereza más alto. Poco a poco fui dejando la avenida principal hasta llegar a mi casa.


Cuando llegué a casa me encontré una escena genial. Dos niños jugando a la pelota. Uno con la camiseta del Barça, otro con la camiseta del Madrid. Allí estaban los dos pasándose la pelota como si tal cosa. Esa escena me hizo recordar mi infancia. ¡Cuantas horas jugando a la pelota en la calle! Me gustó ver a esos chicos jugando, sin más, sin importarle las camisetas ni los escudos.


Mientras los adultos se bañaban en la fuente, hacían sonar el claxon, insultaban al otro equipo, se alegraban de la derrota del otro más que de la victoria propia, vociferaban... los niños se entretenían. Se entretenían porque no jugaban al fútbol, soñaban con la pelota. Jugaban a fútbol, baloncesto, tenis...soñaban ayudados con la pelota.


La escena me recordó a los chicos de la foto. A esos chicos los conocí en un pueblo de León donde fuimos para visitar una ermita románica. Se les fue la pelota y se la pasé. Les pregunté si les gustaba jugar a la pelota en la calle. Me dijeron que si, pero que en aquel pueblo no había niñ@s suficientes para jugar. Ese pueblo era muy pequeñito. Acabamos echando un partido con ellos una amiga y yo. Aquellos chavales nos hicieron sentirnos muy bien.
Ellos no lo saben, ni lo habrían entendido, pero nos fuimos de ese pueblo con veinte años menos. Fue como comerte un bollycao, oler una goma de sabor a nata o escribir en la pizarra del colegio.
Aquellos chicos de León me reconciliaron conmigo mismo, los chicos que encontré en mi portal me reconciliaron con lo que veía alrededor.


Pd. No quiero dejar de jugar a la pelota.




domingo, 16 de mayo de 2010

La fuerza del cariño

La pasada noche estuve viendo "La fuerza del cariño". No la había visto hasta hoy, era una película que me sonaba pero que nunca me había planteado ver, quizá porque alguna vez me dijeron que era triste, o porque no me gustaba la carátula, no lo sé.
Es cierto que es una película con final triste, pero también pasan muchas cosas buenas a lo largo de la película, sin embargo, el director decide enfocarlo todo hacia la lágrima, sabe que va a hacer llorar a casi todas las personas que vean el film hasta el final. Yo por mi parte prefiero quedarme con los primeros noventa minutos.
En esa hora y media se produce una auténtica explosión de vida. Una hija que se casa en contra de lo que pueda pensar su madre, una madre y una hija que son capaces de ser sinceras la una con la otra, nacen dos niños y una niña, una amistad entre dos amigas sellada con besos en los labios, un astronauta ya mayorcito que se empeña en ligar a cualquier precio, historias de amor prohibido... Me quedo con estos roces entre personas de los que surgen discusiones, besos, baños, secretos...
Los primeros noventa minutos vi la película con una sonrisa boba en mi cara, sentado en un sofá, con el portátil sobre las piernas. Poco a poco, conforme va entrando la tristeza en la película, me fui deslizando hacia el suelo. Puse mi espalda contra la pared, me senté en el suelo, me arrope con una manta y deje el portátil en el suelo. No me iba dando cuenta, pero la película me fue ganando. Mi espalda también se deslizó y terminé tumbado en el suelo, llorando frente a la pantalla del ordenador.
No sé exactamente porque lloraba. Lo más fácil sería decir que era por el desenlace, pero en realidad era una mezcla de sentimientos los que explotaron dentro de mi cabeza, de mi pecho y de mi estómago, los que hicieron que me brotaran las lágrimas como cuando a un niño se le rompe el hilo de la cometa en la playa.
Sentía tristeza, rabia, alegría... después de todo quiero pensar que realmente lloraba de alegría. Llorar de tristeza es fácil, conseguir llorar de alegría es genial.
Cuando acabó la película me dejé llevar y puse música. Las dos primeras canciones fueron de lo más triste, imaginaros: Nacho Vegas y "De haberlo sabido", de Quique González. Después fui seperteando hasta Placebo, la rabia de Ivan Ferreiro, "La pequeña muerte", de Lori Meyers, "Un día en el mundo" de Vetusta Morla. Me atreví con una de Love of Lesbian, Ectoplasta. La alegría fue ganando a la tristeza. Y terminé con "Algunas Plantas", incluso me levanté, me agaché para seguir el ritmo de la canción, boté con el "chunda, chunda, chunda"...y acabé agotado, tirado en el suelo, sin ganas de llegar a la cama, arropado con una manta y dormido en el pasillo...
La luz fue llegando al pasillo desde la habitación del fondo y me fui desperezando...La luz del portátil parpadeaba. Poco a poco fui abriendo los ojos, me fui desperezando, empecé a mover mi cuello roto por la madera, y fui recordando porque había acabado allí la noche anterior...Iba recordando y me iba riendo. Me acurrucaba y me reía sólo, iba sintiendo una felicidad mañanera que aún me dura...El portátil no dejaba de guiñarme un ojo así que lo encendí, allí estaban los "Love of lesbian" disfrazados de amante guisante, parados, pidiéndome que le diera al play para empezar a moverse...así que le di al play...comenzaron a bailar, y yo con ellos, y me sentí genial...y todo por una película que está hecha para hacer llorar.
La película me ganó, me hizo llorar, pero esa sólo fue una parte. Al final, la película, mi película, "La fuerza del cariño" no tuvo un final triste, sino inesperado, musical, alegre.
Pd. Creo que debo ver más películas tumbado en el pasillo. He descubierto que mi portátil tiene poder sobre mi. Es como una cueva de los tesoros. En él está la magia del cine, la magia de la música, la magia de sus palabras. Lo que más me gusta de todo esto es que sigo sin conocer el camino por el que camino.
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sábado, 15 de mayo de 2010

Soy una colilla.



Me presento. Soy una colilla.



A priori puedo parecer algo insignificante pero me considero afortunada. Millones de hermanas mueren cada día en ceniceros, todas juntas, oliendo a cadáver, para ir a terminar sus días en negras bolsas de basura junto a restos de comida, y cosas variadas dependiendo de la conciencia ecológica de la persona que se encarga de tirar las cosas.



Yo por mi parte vivo en la Plaza del Comercio de Lisboa. Para los que no conozcan esta ciudad, sería como si vosotr@s vivierais en un ático en la Gran Vía de Madrid, o en la Rambla en Barcelona, o en algún lugar con vistas al mar.



Es esta plaza un lugar donde se mezcla gente muy variada. Funcionarios que vienen a trabajar al ayuntamiento de la ciudad (de tenerlo tan cerca ya casi no miran al Tajo); Taxistas a la espera de recoger personas para de un modo mecánico dejarlas en sus destinos y volver aquí; Vendedores de todo tipo de cosas. Os contaré un secreto, nunca compreis hachis en esta plaza, es de mala calidad, al menos eso se rumorea entre los cigarros de la ciudad; Turistas procedentes de todo el mundo. Abundan los españoles, tan ruidosos, los ingleses, con cierto aire de superioridad por el hecho de estar en Portugal, alemanes, siempre dispuestos a buscar diversión, holandeses, tan gup@s e interesantes...



A todas estas personas tengo que añadir mis favoritas: los que vienen a pintar, los que vienen buscando la luz a diferentes horas del día para después vender sus cuadros a diez euros e intentar seguir viviendo de sus sueños y su mirada...

Ya sabéis donde vivo, ahora os diré como son mis días. Por mi fotografía puede parecer que vivo encajada en el suelo, pero nada más lejos de la realidad. Tuve la suerte de caer en el suelo de adoquines blanquinegro, algo muy típico en Portugal. De haber caído en cualquier acera normal habría sido recogida por las cebras de la escoba de algún barrendero, o lo que es peor, podría haber muerto bajo el huracan de esas maquinas limpiadoras modernas.

Sin embargo, ya me veis, vivo en la libertad de no tener techo. Vivir al aire libre tiene la ventaja de poder sentir el viento, el sol, la lluvia y ver a muchas personas.

Tengo un objetivo, llegar a ver el mar. Para eso cuento con la complicidad del viento. Es todo un riesgo dejarse llevar por el aire, pero es una sensación genial estar volando hasta el próximo hueco entre los adoquines. Espero a que nadie me mire, cojo carrerilla, y voy saltando con el viento camino del mar...cada vez estoy más cerca.

Sólo hay una cosa que me da pena cuando me pongo a pensar: para que yo pueda existir antes tiene que quemarse el cigarro. Las colillas no existimos hasta que las personas se fuman la nicotina. Es triste nacer desde la muerte. Vosotras, las personas, soléis nacer desde el placer del sexo, yo nazco de la mezcla del fuego y el humo, para, si no tienes suerte como es mi caso, morir al instante.

Antes de morir calcinado, el cigarro del que nací me dijo que tenía suerte, había nacido de un cigarro compartido por un hombre y una mujer que se miraban con ojos llenos de fuegos artificiales.

Tengo que dejaros porque empiezo a sentir la brisa que llega con la tarde y es el mejor momento para volar hacia otro hueco que me acerque a la orilla del mar.

Pd. Ha sido un placer. Y recordad, cuando veáis una colilla no penséis que es algo inútil, acabado, sino que también tiene sentimientos y sobre todo...tiene sueños.

viernes, 14 de mayo de 2010

Nao viajo, sonho.





¿Es posible decir tanto con tan poco?


Estas palabras las encontré en una estación de metro de Lisboa. Tengo que reconocer que me dejaron fascinado para varias horas. Lisboa es un buen lugar para soñar, para perderse, para detener el tiempo, para sorprenderse con los pequeños detalles, para disfrutar de la luz del Atlántico.


La luz del Atlántico no es tan luminosa como la del Mediterráneo. Es como si la luz de Lisboa pesara más, como si la luz del sol se hubiera ido llenando de recuerdos en su viaje desde a Valencia a Lisboa. Quizá por eso existe la saudade portuguesa, ese sentimiento casi mítico de nostalgia que desprende Lisboa, esos fados tristes que consiguen poner en tensión tu cuerpo hasta que la primera lágrima asoma.


Volviendo a la frase. Pocas veces he viajado y soñado al mismo tiempo. He viajado muchas veces deseando llegar al lugar de destino. Muchas veces he disfrutado del viaje, pero seguir soñando una vez que he llegado a mi destino me ha pasado muy poco. Ahora estoy en una fase desconocida para mí: estoy soñando después del viaje. Es como estar tumbado frente a la orilla del Tajo en Lisboa. Estoy recordando y viviendo.


No se si sueño porque viajé o viajo mientras estoy soñando. Pero de algo si estoy seguro. Soy feliz en este estado de no saber muy bien si viajo o sueño, si provoco los viajes por mis sueños o viajo porque los sueños me provocan.


Me gustaría situar la luz mediterránea junto a la luz atlántica. Ella es el Mediterráneo, yo soy el sueño atlántico que quiere vivir otro día bajo la luz brillante que llega desde el este.


¿Se convertirá en viaje este sueño? ¿Me permitirá otro viaje seguir soñando?


pd. Mientras tanto, sigo buscando en paredes callejeras frases que le den sentido a mi vida y me fascinen durante minutos, horas, días, semanas, meses...

jueves, 13 de mayo de 2010

Noches reversibles. Bendita contradicción

Hoy me siento enreda. Hace unos días, compartiendo música, llegó hasta mi la canción "Noches reversibles" de Love of Lesbian. No era la primera vez que la escuchaba, ni mucho menos, quizá fuera la vez 1999 que la oía, de hecho, la convertí en la sintonía de mi móbil el pasado verano.
Sin embargo, la vida de las canciones es curiosa. Hasta hace unos meses era una canción que me encantaba por su estribillo sonoro, que da pie a gritar, por frases sueltas que se me quedaron grabadas desde la primera vez que la escuché (Creo que voy a empezar a romperme), sin embargo, cuando la escuché y vi hace unos días en un video de youtube me sonó de un modo diferente. La misma canción me hizo sentir alegre y triste. Fue como ganar y perder al mismo tiempo. Lo primero que pensé fue: esta canción es la ostia.
Así fue como decidí analizar la letra de esta canción. Es un ejercicio absolutamente de funambulista. Analizar una canción es como andar en el alambre, sobre todo, cuando la canción se ha convertido en algo que acompaña mis recuerdos. Comencemos a andar por el alambre...
¿No ves que lo nuestro es raro?
Sigue intacto en mil pedazos
y no logra romperse.
¿Qué es lo "nuestro"? Parece evidente que se trata de una relación, pero ¿qué tipo de relación? ¿un matrimonio, novios, amantes, amigos? Prefiero quedarme con la última opción.
¿Qué significa que algo es raro? El diccionario de la RAE utiliza términos para definir raro como algo inhabitual, extraordinario, escaso, extravagante, insigne, sobresaliente...leyendo estos términos no es como para sentirse mal porque algo sea raro. Sin embargo, mi espíritu de contradicción me lleva a pensar que lo raro es al final lo más sencillo. Cuanto más raro me he sentido en mi vida, más sencillo he sido. Simplemente hacía lo que me pedía el cuerpo, sin pensar. ¿No es algo sencillo algo que se hace sin pensar?
Contradicción genial son las dos siguientes frases:
Sigue intacto en mil pedazos
y no logra romperse.
Cuanto más roto estoy más unido a mi mismo me siento. Es como esos espejos que sufren un golpe y estallan en miles de trocitos que están a punto de desmoronarse pero siguen unidos. Cuando el espejo está normal no nos damos cuenta de que está formado por miles de trocitos que no necesitan tocarse porque la situación es normal. Pero cuando ese espejo se necesita se dividen en minúsculos espejos que se abrazan, se agarran de los dedos para no caer. Mi cuerpo puede convertirse en un puzzle para que alguien me complete. Sigamos...
Respira ileso en sus estados graves,
tanto hablar del finque ahora apenas duele.
De nuevo la contradicción en la que me siento tan cómodo. Ileso-grave. Ni siquiera el estado de coma hará que me sienta mal, pero ¿de verdad "apenas duele"?
Y aun así, te reirás,
volvería a revivirlo sin dudar.
Claro que me reiré. Ya lo dije alguna vez, si después de todo surge una sonrisa pequeña y salada es porque fue realmente espectacular. Si al pensarte lloro y río y consigo saborear mis propias lágrimas mi cara se habrá convertido en un arcoíris, y no conozco a nadie que no se alegre al tener ante si el arcoíris en el cielo.
Podría ser tan fácil, sería espectacular,
si fueran reversibles aquellas noches de incendio.
Más noches reversibles para saborear
las horas más humildes con un placer más intenso.
Hemos llegado al estribillo. Fácil, espectacular, reversibles, humildes, intenso. Todos los adjetivos son buenos, todos hacen referencias a noches que solo pudieron ser geniales. Sin embargo, el espíritu de contradicción de la canción hace que el estribillo suene a pasado, a noches pasadas que se han perdido y no volverán. Sin embargo, no tienen que volver porque en realidad esas noches no se han ido. Quizá, en circunstancias "normales" el tiempo pasa y se va quedando en el pasado, pero para nosotros, los sencillos que los demás llaman raros, el tiempo tiene muchas caras. La cara más normal es la cronológica, pero para eso hay miles de relojes que nos dicen la hora. La cara más sencilla del tiempo, el que nosotros decidimos. Y nuestra decisión es que aquellas noches, aquellos momentos, viven en nosotros...viven en un paseo, en una frase, en una mirada, en un recuerdo...cuando recordamos no volvemos al pasado, sino que vivimos el presente a nuestra manera.
¿No ves que si hemos perdido hemos ganado historias que contar?
Más que algunos tienen.
¿Perder? ¿Ganar? Que más da. Quien pierde, qué se pierde. ¿Porqué tiene que haber vencedores y vencidos? Vivir no es ganar o perder, es vivir. Lo importante es tener historias que contar, da igual si más o menos que otros. Historia puede sonar a pasado, pero el hecho de haber sido profesor de Historia me hace pensar que no es así. Trae la historia pasada al presente y todo se entenderá mucho mejor.
Recuerda que si caímos en picado
es porque a veces fuimos nubes con la mente.
Si pudiera transformar nuestras noches
en un ciclo sin final.
No me importa tropezarme en la calle por ir mirando las nubes. ¿Cómo cambiar el cielo, ya sea azul, gris, lleno de nubes blancas, por el gris de las aceras? Cuando me tropiezo el dolor intenso dura varios segundos, cuando consigues controlar el dolor casi es algo placentero, cuando te levantas, me limpio la sangre de la rodilla y vuelvo a mirar al cielo...con suerte lo peor que me queda de la caída es una bonita cicatriz.
No quiero transformar las noches en un bucle sin final. ¡Vivir en un bucle! ¡No! Prefiero que la espiral se rompa, no saber como va a ser la siguiente noche. Por otra parte hay muchos tipo de final. Es como cuando escribimos, hay comas, puntos seguidos y puntos finales. El punto final es el que más cuesta porque siempre creemos que podríamos haber escrito más, o escribir de forma diferente. Por eso en realidad no existe el punto final, es sólo que sabemos que lo normal es usarlo, pero recordad ¡para casi tod@s somos rar@s!
Pero eso es imposible, el tiempo ganará,
entonces sólo espero que cuando vuelva a sonar
tú pierdas la vergüenza y grites oh, oh, oh ...grites oh, oh, oh ...
Creo que voy a empezar a romperme, oh, oh, oh ...
grites oh, oh, oh ...
Y ya no me importa que mire la gente
El tiempo ganará, muy bien, pero nunca se paró el tiempo a explicarme qué ha ganado. No me importa perder. Lo importante es el camino, no llegar al final.
Ella no tuvo vergüenza, me gritó desde el primer día y aún hoy, la oigo gritar. Su grito tiene forma de susurro, de sonido callado, de palabras que no son palabras.
Y si estoy roto, y me encanta sentirme así. Y cuanto más me rompo más vivo, porque voy dejando trozos de mi por muchos lugares, me voy rompiendo en la mirada de las personas a las que quiero dejar un trozo de mi, me gusta andar con trozos de mí mismo deshaciéndose.
¿La gente? ¿Quién es la gente? ¿Yo soy gente, para quién soy gente?
Claro que no me importa que mire la gente, es más me gustaría parar a la gente por la calle durante un instante y gritarle lo que siento, pero tampoco a la gente le importo yo.
Qué ilógico resulta analizar una canción. Si esto lo hubiera escrito ayer o mañana habría salido diferente. Pero que bueno es hacer cosas ilógicas. Va en contra de las reglas analizar una canción que nació para ser vivida, pero es tan bueno hacer lo que a un@ le da la gana.
Pd. Esta canción es contradicción. ¿A quién le mandaría esta canción? A alguien a quien quisiera decirle: me da igual que gane el tiempo, me da igual que mire la gente, tenemos algo que es nuestro. A alguien que quisiera decirle: no voy a irme, salvo si tu quieres. Cuando pienso sé que nos disfrutamos, que nos estamos disfrutando, y que nos disfrutaremos. Y ¿sabes por qué? porque con nuestras noches reversibles tú y yo hacemos lo que nos da la gana, xe.
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miércoles, 12 de mayo de 2010

Berlín

Hasta hoy he hablado de momentos, personas, música... ha llegado el turno de los viajes. La idea surge después de estar compartiendo música con alguien especial. Es curioso, siempre que empiezo a compartir música con esa persona especial sé como empieza la sesión pero nunca como va a terminar. Ayer la música me llevó a acabar con mi cuerpo retorcido y mi memoria en Berlín.


Berlín. ¡Qué ciudad!


Hace poquito tiempo escribí lo siguiente cuando quería empezar a hablar de otra ciudad:

…siempre he pensado que las ciudades no son feas o bonitas por sí mismas, sino que es el momento en el que pasa por ella el que la puede convertir en una ciudad especial o en una ciudad más que olvidamos sin más…


Creo que es así. Que somos nosotros quienes les da el toque a la ciudad. A pesar de que una ciudad pueda ser maravillosa, estar repleta de monumentos impresionantes, edificios peculiares, etc. es nuestro ánimo el que convierte esa ciudad en un lugar maravilloso.


Algo así me ocurrió con Berlín. Recuerdo que insistí mucho en visitar aquella ciudad. Tuve que competir duramente con la opción de París frente a mis amig@s. Les presenté Berlín como una ciudad diferente, llena de galerías de arte contemporáneo, callejeo, ambiente nocturno...pero como dice Búnbury "Nunca se convence del todo a nadie de nada". Aceptaron elegir Berlín, sólo para retrasar el viaje a París cinco meses.


El primer recuerdo que tengo de Berlín es lo sencillo que era moverse desde el aeropuerto. En realidad, Berlín parece un lugar enorme, pero funciona como una ciudad pequeña. No sé como explicarlo. Su símbolo es el oso, y es como si la ciudad tuviera cuerpo de os@ adulto, pero alma y mirada de osezno.


Nada más aterrizar se me abrieron los ojos, se me quedaron casi en blanco y no sé si conseguí pestañear durante los cinco días que estuve allí.


Es una ciudad restaurada después de la II Guerra Mundial, pero nadie diría que allí casi no quedó nada después de las miles de bombas que perfilaron un nuevo dibujo de destrucción en la ciudad. Cada puerta de cada edificio de cada calle era una invitación a soñar con vivir en uno de esos pequeños apartamentos de suelos de madera y techos altos que se escondían tras las fachadas y tomar una copa de vino asomado en sus balcones mientras el sol se va poniendo por el oeste.


Decir oeste y este en Berlín no es como decirlo en cualquier otro lugar del mundo. Allí hubo un muro que separó a personas de sus amig@s, su familia, algo inexplicable, que ahora queda como vestigio de un lugar que hasta hace poco debió ser mucho peor. Afortundamente ahora el muro es una galería de arte en sí mismo. Sin embargo, el peso de la historia en Berlín se siente a cada paso que se da por la ciudad. Simplemente preguntarte si estás en el este o en el oeste es señal de que allí hubo un tiempo en que el mundo tomo esta ciudad como tablero de ajedrez para luchar de un modo frío y calculador. Pensad ¿alguna vez, en alguna ciudad, os habéis preguntados si estáis en el este o en el oeste?


Hay lugares donde el alma se encoge y desaparece, y hace que te quedes el silencio: el monumento en homenaje a las víctimas judías. Moles de cemento que parecen grandes tumbas que crean calles por las que cuando llevas más de un minuto caminando llegas a sentirte culpable por todos aquellos momentos en que callamos ante la injusticia en lugar de, al menos, expresar lo que sentimos.


Pero hay otro Berlín...la ciudad reconstruida, la ciudad de la historia del siglo XX, ha dado paso a una ciudad donde la vida explota. Calles llenas de pequeñas terrazas donde tomar un vino, una cerveza. Galerías de arte para elegir, con las puertas abiertas, como espacios abiertos a las personas, no como lugares donde da miedo entrar. Personas que visten de mil maneras diferentes, estilos mezclados, bicicletas que ganan en número a los coches, parques donde poder hacer nudismo sin que nadie mire a nadie, parques llenos de personas tumbadas en el césped compartiendo vino, parejas de personas mayores que se sientan al sol primaveral de Berlín, salas de concierto donde todos los días hay actuaciones...


Es curioso como nos dejamos llevar por los prejuicios. Antes de ir a Berlín no imaginaba que me podría traer la imagen que ahora tengo. Una ciudad contemporánea, donde se puede sentir que vivimos en el siglo XXI, donde las personas sonríen y saben divertirse, con mil lugares para callejear. Disfruté de Berlín desde el muro hasta aquel bar pequeñito donde las mesas estaban tan pegadas que parecía que en realidad nos habíamos juntado cincuenta personas para celebrar algo.


Si algún día vuelvo a ser profesor de Historia les contaré a mis alumn@s que sí, que Berlín fue dividida en cuatro, que los políticos del momento crearon un muro para separar capitalismo y comunismo, que fue una ciudad destrozada por las bombas...pero que ahí no está la enseñanza...que lo importante es como se siente la vida ahora en esa ciudad...porque la Historia no la hacen los políticos, la hacen las personas, y en Berlín lo que yo sentí es que las personas han creado una historia llena de vida y de puertas abiertas donde hay que ir con la mente muy abierta para no perderse ni uno de los pasos que nos pueden dar la felicidad.
Pd. aquí dejo diferentes visiones de ese viaje interior por Berlín. Amigos, el muro, la ciudad y su gente, y yo...todo ello con música por supuesto. Vetusta Morla fue más vetusta que nunca viajando en el metro de Berlín rodeado de caras desconocidas.

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