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domingo, 16 de mayo de 2010

La fuerza del cariño

La pasada noche estuve viendo "La fuerza del cariño". No la había visto hasta hoy, era una película que me sonaba pero que nunca me había planteado ver, quizá porque alguna vez me dijeron que era triste, o porque no me gustaba la carátula, no lo sé.
Es cierto que es una película con final triste, pero también pasan muchas cosas buenas a lo largo de la película, sin embargo, el director decide enfocarlo todo hacia la lágrima, sabe que va a hacer llorar a casi todas las personas que vean el film hasta el final. Yo por mi parte prefiero quedarme con los primeros noventa minutos.
En esa hora y media se produce una auténtica explosión de vida. Una hija que se casa en contra de lo que pueda pensar su madre, una madre y una hija que son capaces de ser sinceras la una con la otra, nacen dos niños y una niña, una amistad entre dos amigas sellada con besos en los labios, un astronauta ya mayorcito que se empeña en ligar a cualquier precio, historias de amor prohibido... Me quedo con estos roces entre personas de los que surgen discusiones, besos, baños, secretos...
Los primeros noventa minutos vi la película con una sonrisa boba en mi cara, sentado en un sofá, con el portátil sobre las piernas. Poco a poco, conforme va entrando la tristeza en la película, me fui deslizando hacia el suelo. Puse mi espalda contra la pared, me senté en el suelo, me arrope con una manta y deje el portátil en el suelo. No me iba dando cuenta, pero la película me fue ganando. Mi espalda también se deslizó y terminé tumbado en el suelo, llorando frente a la pantalla del ordenador.
No sé exactamente porque lloraba. Lo más fácil sería decir que era por el desenlace, pero en realidad era una mezcla de sentimientos los que explotaron dentro de mi cabeza, de mi pecho y de mi estómago, los que hicieron que me brotaran las lágrimas como cuando a un niño se le rompe el hilo de la cometa en la playa.
Sentía tristeza, rabia, alegría... después de todo quiero pensar que realmente lloraba de alegría. Llorar de tristeza es fácil, conseguir llorar de alegría es genial.
Cuando acabó la película me dejé llevar y puse música. Las dos primeras canciones fueron de lo más triste, imaginaros: Nacho Vegas y "De haberlo sabido", de Quique González. Después fui seperteando hasta Placebo, la rabia de Ivan Ferreiro, "La pequeña muerte", de Lori Meyers, "Un día en el mundo" de Vetusta Morla. Me atreví con una de Love of Lesbian, Ectoplasta. La alegría fue ganando a la tristeza. Y terminé con "Algunas Plantas", incluso me levanté, me agaché para seguir el ritmo de la canción, boté con el "chunda, chunda, chunda"...y acabé agotado, tirado en el suelo, sin ganas de llegar a la cama, arropado con una manta y dormido en el pasillo...
La luz fue llegando al pasillo desde la habitación del fondo y me fui desperezando...La luz del portátil parpadeaba. Poco a poco fui abriendo los ojos, me fui desperezando, empecé a mover mi cuello roto por la madera, y fui recordando porque había acabado allí la noche anterior...Iba recordando y me iba riendo. Me acurrucaba y me reía sólo, iba sintiendo una felicidad mañanera que aún me dura...El portátil no dejaba de guiñarme un ojo así que lo encendí, allí estaban los "Love of lesbian" disfrazados de amante guisante, parados, pidiéndome que le diera al play para empezar a moverse...así que le di al play...comenzaron a bailar, y yo con ellos, y me sentí genial...y todo por una película que está hecha para hacer llorar.
La película me ganó, me hizo llorar, pero esa sólo fue una parte. Al final, la película, mi película, "La fuerza del cariño" no tuvo un final triste, sino inesperado, musical, alegre.
Pd. Creo que debo ver más películas tumbado en el pasillo. He descubierto que mi portátil tiene poder sobre mi. Es como una cueva de los tesoros. En él está la magia del cine, la magia de la música, la magia de sus palabras. Lo que más me gusta de todo esto es que sigo sin conocer el camino por el que camino.
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