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domingo, 9 de mayo de 2010

Mirando nubes


La idea para la entrada de hoy no es mía. Se la he quitado a alguien especial, pero no especial para mí, que también, sino especial por su esencia, porque se nota que tiene algo nada más verla, leerla, oírla...



Hoy me contaba que ayer se tumbó en su terraza a ver como las nubes dibujaban cosas para ella (caras, sombreros, jo que sé...) Era el viento el que usaba las nubes para dibujarle cosas. En realidad, el viento le hablaba de algún modo extraño que sólo la gente especial puede oír. Imaginarla relajada, tumbada en la terraza, dejándose llevar por la imaginación del dibujo que le brindaba el aire que llegaba desde el Mediterráneo (que suerte vivir cerca de ese mar) también me relaja a mí.



Saber que hay gente que todavía mira al cielo esperando ver algo es fascinante. A ella me gustaría regalarle hoy el cielo más bonito que he visto nunca, el cielo de Asilah, un pequeño pueblo de Marruecos donde el azul del mar y el del cielo bailan para crear un color que nunca pude ver en ningún otro lugar.



Su experiencia de ver dibujos en las nubes me ha recordado una antigua manía que tenía de pequeño. La pared de mi cuarto estaba revestida de ese horrible gotelé color crema. Pero el gotelé tiene una ventaja sobre la elegante pared lisa, es capaz de crear dibujos. Durante una temporada, cuando yo tenía cinco o seis años, tenía que encontrar una cara en la pared formada por las gotas de la pared. No podía ser una cara cualquiera, tenía que ser la cara exacta, formada por las mismas gotas, cada noche. A esa edad necesitaba alguna señal de seguridad para dormir tranquilo. Otros amig@s tenían su almohada, un muñeco, un cuento... yo tenía aquella cara. Era siempre la misma cara, las mismas gotas, pero a veces sonreía, a veces parecía enfadada...creo que además de seguridad juzgaba los días de mi infancia.



Además de evocar recuerdos, su experiencia me ha hecho buscar las nubes en mi cielo. Me he asomado a la ventana y el resultado ha sido curioso. Al norte, las nubes se mezclaban con el cielo azul y hacían brillar la torre de la catedral. Al sur, todo era oscuridad, las nubes eran pesadas, grises y descargaban agua con mucha fuerza. Parecía una metáfora de la vida. A un lado, la alegría del cielo azul mezclado con el blanco de nubes luminosas. Al otro, todo era gris, un gris que quería ser negro. No he dudado. He mirado al norte. Quizá porque mirar al norte, era una forma de buscar a mi amiga en las nubes. No lo sé. De lo que si estoy seguro es que nunca encontraría a mi amiga mirando hacia la oscuridad.



Asomarme a la ventana me ha servido para darme cuenta de que hoy he reencontrado a mi amiga, que sigue ahí, que es capaz de hacerse un hueco en la tormenta. Hay muchas formas de decirle de un amigo "estoy ahí para lo que necesites". Ella es especial, no podía decirlo de una forma natural, como en un juego me ha hecho asomarme a la ventana y me ha hablado a través del cielo, su cielo.


Utilizar el cielo para hablar es una razón suficiente como para no querer perder su amistad.
Un día, hice esa foto, que salio sin querer. Parece indicar que la dirección que tenemos seguir está en las nubes. Hoy comprendo porque esa foto salió como salió, tenía que servir de ilustración a estas palabras.


Pd. Te debo una idea.

sábado, 8 de mayo de 2010

¿En dónde se escondía el virus?

¿En qué momento entró el virus en mi cuerpo?
¿Fue al beber el primer trago de mi caña? ¿Me estaba esperando en algunos de los besos que di para saludar a gente que hacía tiempo que no veía? ¿Me lo traje puesto del viña rock? (allí no habría reconocido un virus aunque se me hubiera presentado antes de empezar a viajar por mi sangre)
Podría seguir haciéndome preguntas y no llegaría a ninguna conclusión que me ayudara a saber cuando empecé a ser víctima de este virus que me tiene, y me da que me va a tener varios días, en la cama. Es más, casi prefiero no saber de que manera entró en mí porque igual lo hizo en algún momento que repito a menudo y no quiero dejar de saludar a amig@s, tomar cañas, compartir tapas, reírme, dar besos...
Yo no digo que no tengan que existir los virus, pero que avisen cuando van a llegar, así me da tiempo a vivir a saco hasta la hora en que caiga enfermo. Lo que no debería valer es que entre sin educación ninguna en mi cuerpo y me empiece a hacer sudar en un bar de tapas un viernes por la noche, haciendo que me empiece a sentir mal, que mis amig@s se preocupen, que hasta el camarero me diga:
¡ joder José, te voy a poner una menta poleo y te cubres los ojos con la bolsita¡
Son cabrones estos virus.
Y luego llega el doctor que es casi peor que el virus. Creo que me hizo más de mil preguntas para llegar a una conclusión brutal:
¡Es un virus¡
Estaba casi delirando pero conseguí oír esta palabra al doctor: mononucleosis. La enfermedad del beso. No, eso no. Que juegue conmigo cualquier virus, de cualquier color, forma o procedencia, pero la enfermedad del beso no. No es que estés enfermo es que encima tendré que dar explicaciones, y dos semanas seguidas dando explicaciones podría resultar tan agotador que no conseguiría recuperarme de este virus.
Menos mal que el médico se equivocó. Nada de enfermedad del beso, una GRIPE, eso sí una gripe con mayúsculas, del tamaño de un trailer, y mi cuerpo últimamente es un mini, algo que se va haciendo pequeñito por momentos.
Fue un extraño viaje el que hice el viernes noche. Salí para hacer una ruta por los bares del centro y acabé como si hubiera subido el Everest, sudado en mi cama, con un pinchazo en mi brazo, oliendo a medicamento y recibiendo masajes para que mis gemelos me dejaran descansar.
No siempre los viajes salen como uno pensaba, afortunadamente, porque casi siempre son mejor de lo que creía. Este también. No tiene ni idea este virus de la música y películas que voy a oír y ver gracias a él.
Al mal tiempo, buena cara. Y a mi la sonrisa, aunque sea pequeña y salada, ya no me la borra nadie.
Pd. Le dedico esta canción al virus que me ha invadido. Para que vea que el rencor no va conmigo.

viernes, 7 de mayo de 2010

Un cromosoma de más

Ayer oí algo en la radio que no me dejó dormir. No era ninguna noticia inquietante, fue simplemente que me mostraron una realidad en la que nunca había pensado.
Hablaba una chica que tenía un hermano con Síndrome de Down. Dijo muchas cosas interesantes, pero la que más llamó mi atención y me hace que escriba estas palabras fue la siguiente:
Explicó que la única diferencia entre un ser humano con síndrome de down y otro que no lo sufre es solamente un cromosoma. Es decir, solo una ínfima parte física de nuestro cuerpo nos separa.
Ella explicaba que su hermano nunca se peleaba y que hace tiempo decidió dejar de hablar. Sin embargo, aunque no hablara, siempre intentaba hacer el bien. Fue entonces cuando ella dijo:
"Quiero pensar que el cromosoma que tiene de más es el cromosoma de la paz, de los buenos pensamientos. Quiero pensar que los diferentes somos nosotros, que ellos han conseguido adquirir ese cromosoma que les da la paz"

Es posible que su teoría no sea real, pero es bonita, ¡tan bonita¡ A lo mejor nosotros, los que tenemos un cromosoma de menos, deberiamos aprender de ellos. A lo mejor, deberíamos fijarnos menos en las cosas que nos faltan y admirar lo que tenemos.

Yo soy el menos indicado para hablar. ¿Recordais? Ayer hablaba de rabia, sin embargo la voz de esta chica unida a la complicidad que da el silencia de la noche, me ha sacado una sonrisa y en cierto modo me ha servido para ver lo último que me ha ocurrido de otra manera.
Me encantaría que esa chica tuviera razón, y que por lo menos, aunque no alcancemos ese cromosoma "de la paz", seamos más felices, menos envidiosos y sepamos disfrutar de la vida.

Ahí van cosas que me hacen disfrutar... un poema, una canción, la visión de un cielo, un beso, un recuerdo en la playa, un recuerdo, ver a mis padres, una conversación, un porro compartido, alguien que te recuerda, alguien que te espera de algún modo, un olor, la risa de mis sobrinos...
Vosotros podéis continuar esta lista para enseñarme a ser feliz.

jueves, 6 de mayo de 2010

Mi rabia y una canción


He empezado este blog coincidiendo con unos días de rabia en mi vida. No suele ser así y es un sentimiento bastante desconocido para mi, por eso no manejo bien la situación. Es como estar en el centro de una soga que va de un lado a otro. De un lado la cuerda desaparece en paraisos nuevos, del otro está el paraiso conocido. Bailo de un lado al otro, o me bailan.

Me han convertido en un ser raro que no soy. De tanto decirme mis
amig@s que rarito eres al final consiguieron que por momentos me metiera en ese papel. Tiene dos ventajas que me hayan dado ese rol en la vida. La primera, puedo decir todo lo que me de la gana. Casi siempre digo lo que pienso, pero mi rol de raro me permite también jugar con ellos y decir cosas que no pienso sólo para ver sus caras. La segunda, no me toman en serio excepto en situaciones límites. Ell@s lo toman todo muy en serio, me hace disfrutar decirles lo que me apetece aunque no me tomen en serio, de hecho, prefiero que sea así.

Mi vida no es mejor que la de ninguno de ellos. Por supuesto, yo no soy mejor que nadie.

Es solo que hoy escuche un tema de ivan ferreiro (ivan petardo, para mi amigo Andrés, que por cierto se ha tragado mil conciertos de ivan con su novia, porque no le dice simplemente que no le gusta nada) La nueva canción es Farentheit 451. No la he escuchado mucho, pero me ha recordado mi sentimiento de rabia, mis ganas de llamar a todo el mundo por una vez, una sola vez "sois unos cerdos hijos de puta".


Farentheit 451 es la temperatura a la que arden los libros, además del título de un gran libro de Ray Bradbury. Es posible que a esa temperatura se quemen las páginas, pero no los sentimientos, no las ideas, no el collage de imágenes que guardamos en nuestra mente con la que somos capaces de jugar cuando nos apetece.

Esta canción me han dado ganas de seguir siendo el dedo en el culo de la gente. Tengo dedos para todos. Para el triste, para el triunfador, para el enamoradizo, para el infiel, para el conservador, para la rubia guapa, para los camareros, para los curas, para mi familia, para mi mejor amigo... y para mi (quien quiera entender que entienda)...

Me despido por hoy mirándome al espejo y gritando el final de la canción:
"si no te gusto esta letra tenemos guerra declarada"


Pd. No me he pegado en mi vida. Pero ahora, mi mente funciona como la última imagen del video. Aquí está el enlace. No me rendiré. La vida es muy larga.

personas y momentos

Siempre he pensado que nada es para siempre, y quizá es mucho mejor que todo sea así. La mayoría de las personas surgen y desaparecen de nuestras vidas sin saber muy bien porqué. Los viajes siempre tienen un billete de vuelta que significa el final, excepto nuestro último viaje que no tiene billete de vuelta ¿ o si lo tiene? Cuando miramos a otra persona en un local siempre llega el momento en que desaparece, si tenemos suerte desaparece devolviéndonos la última mirada. También los conciertos acaban, antes de darnos cuenta han pasado dos horas y sabemos que el final está cerca aunque no queramos que acabe nunca.
Lo mejor de que todo acabe es saber que lo hemos vivido. Es un topicazo lo sé. Pero cuando surge alguien especial, que nada te pide y al que nada pides, con el que solo te dedicas a compartir momentos perdidos, momentos extraidos a la vida con sacacorchos y milimétricas excusas con tal de vivir un momento junto y te lo arrebatan porque si, porque nuestra cultura nos dice que está mal...¿qué hacer? Cómo explicar que no tiene que ver con una relación al uso, que no es una infidelidad querer vivir, que no, que no queremos hacer daño a nadie, que somos tan simples que todos piensan que somos complicado...
Esta vez si me ha dado rabia perder...Siempre acepté la derrota en mi vida porque pensé que es parte de este juego, pero hoy, me duele, me duele mucho, que me hayan robado una amistad tan especial simplemente porque no es lo normal.
La normalidad ha acabado con esto. El hacer lo que hay que hacer porque es lo que está bien, aunque no lo pensemos, aunque vaya en contra de todo lo que nos gusta. No quiero ser diferente, quiero ser feliz. Hoy soy un poquito menos feliz que hace una semana, y ahora ni siquiera la llamaré cuando vuelva a su ciudad porque es lo mejor.
Esta noche más que nunca me dan ganas de buscar a esos doscientos sonámbulos que silvan de miedo y romper sus ventanas, pero estaría muy mal visto. De todos modos, seguiré esperando su perdida, esperaré su música, esperaré oir su risa, esperaré...
No es lo correcto, pero desde aquí grito: ¡¡¡Es mi amiga¡¡¡ ¡¡¡Soy su amigo¡¡¡ ¡¡¡Dejadnos ser amigos¡¡¡
pd. Sólo hay una frase que martillea mi estómago y mi mente: ¿realmente ha llegado el momento de irse poco a poco? ¿ha llegado el momento de desaparecer?